22 mar. 2012

¡Yo soy de Punto Fijo!



Entrada de Punto Fijo


Nací en Judibana pero apenas salí del hospital de niños fui a Punto Fijo a comenzar a vivir. Una pequeña ciudad, donde todos se conocen o al menos todos tenemos seis grados de separación entre nosotros mismos, una ciudad llena de sueños y esperanza, la cual yo he visto crecer y cambiar a medida que han transcurrido mis años de vida y si, poco a poco de pueblo ha ido transformándose en una ciudad.
Me crié en la Calle Ayacucho con Ecuador hasta los 9 años, así que donde existe “Merka Park” era el “Estadio” favorito de mis primos y yo para jugar pelota de goma. Vi el estreno de los “Power Rangers”, “La Historia sin fin” y “Todos los perros van al Cielo” en el Cine Valles innumerables veces cuando niño, siempre daban pases de cortesía en el colegio, me acuerdo cuando el cujizal era monte y culebra, incluso del día de su remodelación. Donde hoy hay un Parque Metropolitano yo aprendía a hacer fogatas con los scouts, estudié en el Delta Amacuro y todas las mañanas mi mamá me llevaba y pasábamos frente al “Elefante Rosa”, una tienda con un anuncio muy bizarro que a veces asustaba. Aquí es común caerse a arepas en La Cubanita, Tico Tico o El Chicote; el que es de Punto Fijo sabe que cuando dicen “New York” o “Parranda” hablan de una disco y no de la gran manzana o de la rumba, que cuando dicen “La Concha” no se refieren a un caracol y cuando dicen “El Caracol” no se refieren a una concha de nácar; recuerdo la inauguración de Las Virtudes, el primer centro comercial y recreacional que tuvo la ciudad, solo había un elevado, en la planta había una bajada, el mercado era terminal y adentro siempre olía a pescado, jugué béisbol en el Tata Amaya, en el “Pacuco” y practiqué fútbol y atletismo en el Fenelón Díaz; los domingos solía ir al Club Náutico a ver tocar a los compadres de mi padre, de su Pesca de Altura, la cual atraía a tantos extranjeros a nuestra ciudad; también varios han sido los artistas que nos han visitado, cada vez más famosos y es más común verlos acá.
Sus mujeres bellas son el vivo ejemplo de su nombre, Don Rafael González se enamoró de una chica de “cerro arriba” como solía llamarse este pueblo y como cada día eran más comunes sus visitas a la chica pues los amigos al verlos pasar le decían “ya vas para el Punto Fijo?” y fue así como obtuvimos el nombre, gracias a ese “amor” y también a la belleza de nuestras mujeres.
Nosotros, los puntofijenses no llamamos “camioneticas” al transporte público, les decimos busetas, en un gran esfuerzo por parecer argentinos/maracuchos decimos “vení”, “pa qué?”, “víte?”, “decíme” y otras más antiguas tales como “a to’ tiro”, “timás”, entre otras. Conocemos el Pasaje Zeiter como si fuera el barrio chino de New York; nos hemos comido un helado en la Polo Norte y al menos una vez como mínimo hemos entrado a la Catedral Nuestra Señora de Coromoto sin importar nuestra religión. Hemos tenido personajes muy particulares, popularmente conocidos en la ciudad: El Mocho, Julián, Quecha y su hija milagritos, Kike Velorio, Primo Zángano, Cachube(Que asustaba con sus gritos en la iglesia), Milandy, Tite y muchos más.
Punto Fijo, la Ciudad del Viento, donde se ubica el Complejo Refinador más grande del mundo, es la capital comercial del Estado Falcón, los que somos de aquí tenemos esa idea de ser personas ingenuamente progresistas y con una visión de mejora en nuestra calidad de vida; pertenecemos a la “Península de la Amistad” y nos reconocemos porque cuando pasamos por el Guaranao no nos tapamos la nariz y si vamos para la playa o “el monte” decimos que vamos “pa’ arriba”, según turistas caminamos inclinados por la brisa. Somos la tierra que vio crecer y que crió al gran cantautor Alí Primera, donde aún yacen sus restos y han echado raíces sobre la tierra que tanto amó y en la que en cada rincón hoy por hoy se le siente y se siguen respirando esos aires de cambio. Gracias Punto Fijo por tanto y por más, a cualquier parte del mundo que vaya diré con orgullo que ¡Yo soy de Punto Fijo!


5 mar. 2012

Ando de asueto


Madrugo como si se tratara de un vendedor de prensa, es sábado, puede ser extraño pero madrugo un sábado… me levanto y me doy un baño, despierto a los demás habitantes de la casa para incitarlos a que hagan lo mismo, es fin de semana largo y nos vamos a la playa.

Por más que lo intente siempre saldremos tarde, hay ley seca y como es costumbre, vamos con la intención de comprar caña de más “por si acaso”; quedamos en encontrarnos con otros familiares en un punto estratégico ubicado en la vía hacia nuestro destino, en mi bolso he guardado un paño, ropa interior, un par de bermudas y franelas, además del cargador del celular (como si en la orilla de la playa hay electricidad), la billetera, artículos de higiene personal, acetaminofén y unos discos. Aparte visto una bermuda impermeable con una franela sin mangas, gorra, lentes, cotizas y el forro de la espumosa. Hemos preparado panes con atún y tomate para comer por el camino. Ya son casi las 9:00am y desesperadamente llaman los demás para decir que están en el punto de encuentro y nosotros nada que llegamos, me inquieto y apuro a los demás, una chica se maquilla, los niños lloran, hay un bebé así que hay que llevar tetero hecho y siempre preguntan: “¿Compraste las cervezas?”. Bien, si sales con la intención de aprovechar un fin de semana largo deberías comprar la caña antes, pues no, uno cree que porque uno madruga las licorerías también, pero no aprendemos, siempre dejamos todo para última hora.

Diez de la mañana y al fin salimos, en este punto pienso que daba lo mismo no haber madrugado, cuando vamos ya en camino pregunto si alguien trajo el protector solar… Nadie trajo uno, además se quedó un paño, “no importa te secas con el mío, ya no nos vamos a devolver, vamos retrasados”. Al llegar al punto de encuentro los demás están afuera desayunando empanadas, aprovecho y lleno el tanque de gasolina, les pregunto si llevan protector solar y dicen que si pero poquito; no importa, allá compramos uno.

Dos horas esquivando huecos, pasando carros, viendo los bonitos paisajes, hablando peperas, escuchando las críticas hacia como iba vestida la novia de fulanito, que si a mengano no le da pena ponerse la misma bermuda siempre, etc... Al fin llegamos a nuestro destino.

Cerca hay una licorería/abasto/panadería, sale un hombre y me dice “Aquí la caña es más cara, la hubiéramos comprado antes de venir”, lo veo como con ganas de saludarle a su mamá pero no importa, “ya estamos aquí” le digo; compramos las espumosas, una pelota y un salvavidas, vamos a la casa que hemos alquilado y desempacamos, nos acomodamos en los cuartos y armamos las hamacas e inflamos un par de colchones de aire, los niños corren al agua apenas se bajan del carro; sale una mujer y me dice “se nos olvidó preguntar en la licorería si vendían protector solar! Aparte no trajimos cubiertos, salimos tan apurados que los dejé sobre la mesa”. Me estreso pero me digo que no  importa, mas tarde puedo ir al abasto y comprar lo que falta, uno cree que en esos pueblitos cerca de las playas hay un hipermercado o algo así. Sale un familiar y me dice que hagamos una parrilla, a todas estas son las 2 de la tarde, comenzamos a hacer una parrilla con sazón de cebada y al ritmo de un “puki puki” de moda, llegan unos chamitos vendiendo “papo e’ reina, rompe colchón, rompe lycra” yo le digo que si tengo cara de estar tan necesitado de una mujer, se ríen y finalmente le compramos los crustáceos, a todos les encanta ese sabor de alga con limón que te deja tierra entre los dientes no sé por qué. Pruebo unos pocos y después de pelear con el agua porque parece un témpano de hielo voy a bañarme , bromeo un largo rato en el agua con los jóvenes y niños, siempre hay una parejita “extrañamente” alejada, un(a) que anda sol@ como arrepintiéndose de sus pecados caminando toda la orilla de la playa con la cabeza gacha, los hombres buceamos y buscamos la pelota de los niños que se la lleva el mar y las chicas van a ver si encuentran a alguien conocido, ya siento los dedos arrugados y me cansé de beber cerveza con agua salada; además que los intentos frustrados de hacer una pirámide humana me tienen loco y los hombros molidos, me salgo y apenas están picando la carne; me seco, alguien dice que estoy quemadísimo, lo ignoro; me pongo en la parrilla a asar la carne, el chorizo y el pollo, unas mujeres pican la ensalada y hay una líder que es quien da los consejos y secretos para preparar tanto “la mejor ensalada” como “la mejor guasacaca”. Nunca lo entenderé.

Son las 8 de la noche y apenas vamos a comer, he picado tanto que me llené de puro probar, a todos les encanta cómo quedo la parrilla menos a los últimos que se les sirvió porque no alcanzó el chorizo o porque la yuca estaba muy blanda y se volvió puré. Me doy un baño de agua dulce, nos acostamos en un chinchorro amorochados porque un niño se hizo pipí en una cama, espicharon un colchón y una chica detesta dormir en hamaca. Al otro día me despierta el vendedor de hielo con un escándalo a las 6:00am como si el mundo fuera a acabar y el hielo es la única salvación, ese día me espera otra “aventura” parecida a la anterior pero con un sancocho.

Al concluir el fin de semana largo llego a mi casa cansado, insolado, picado por los zancudos, lavando el carro, estresado y con el compromiso de comprarle una pelota al niño porque la otra se la llevó el agua, unas sandalias a una mujer que dejó las suyas en la orilla de la playa y: ¡un bendito protector solar para mí solo!

Entendí que todos se van de asueto menos el stress.


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